Una forma de analizar la
incidencia de los ciclones tropicales en una zona determinada se basa en el
"conteo" de aquellas tormentas que han cruzado a una distancia predeterminada de
la localidad en cuestión o del centro geométrico de la región a estudiar. Si bien en
algunas zonas el uso de este método es inevitable debido a la escasez de información,
las diferencias estructurales de los ciclones tropicales (intensidad, distribución del
viento, asimetría, tamaño, etc.) limitan la validez de sus resultados. Por ello es
preferible utilizar toda la información disponible, sobre todo en aquellas regiones en
que el desarrollo económico y social han permitido una acumulación de información
relativamente alta.
La climatología de los ciclones
tropicales de Cuba ha sido abordada por diversos autores, desde hace ya más de 100 años.
El desarrollo económico y social de la Ciudad de La Habana como capital del país, y de
sus poblaciones vecinas, permitió la existencia de oficinas públicas o comerciales y de
personalidades que contribuyeron grandemente en la realización de mediciones
meteorológicas o de descripciones de los sucesos relacionados con el paso de los ciclones
tropicales por este territorio. Los ingenios y centrales azucareros también colaboraron
en esta tarea. La creación del Observatorio del Colegio de Belén en 1858 y
posteriormente del Observatorio Nacional (1906), permitió que esta labor se desarrollara
de forma más sistemática y con un mayor nivel científico. Documentos muy valiosos
fueron preparados y publicados principalmente desde la primera mitad del pasado siglo.
Reconocidas figuras de la ciencia en Cuba nos han legado una apreciable cantidad de
conocimientos acerca de los huracanes que han afectado este territorio a través de
descripciones de casos individuales, cronologías, artículos periodísticos,
monografías, etc.
Todo lo antes descrito, permitió
construir una cronología revisada y actualizada de los huracanes de la Ciudad de La
Habana y La Habana, de una extensión de 200 años, con la suficiente confiabilidad para
ser utilizada en diferentes fines. Fue utilizado el período comprendido entre 1799 y 1998
para el análisis de los huracanes, pues el mayor impacto de los mismos permite la
reconstrucción de la serie hacia el pasado con una mayor seguridad, lo que no ocurre con
las tormentas tropicales. Para el análisis del comportamiento de éstas últimas en
conjunto con los huracanes fue utilizado el período 1899-1998.
En la preparación de la
mencionada cronología se consideró como afectación directa al territorio de ambas
provincias la producida por todos los ciclones tropicales con intensidades de tormenta
tropical o huracán, cuyos centros cruzaron a una distancia prudencial del centro de las
provincias habaneras y hayan ocasionado vientos máximos sostenidos o presiones mínimas
propias de este tipo de tormenta en alguna zona de dichas provincias. Como en la
generalidad de los casos se desconoce el viento máximo sostenido, el mismo se dedujo a
partir de la racha máxima registrada, a través del uso de coeficientes apropiados
(Holland, 1993). También los vientos máximos sostenidos fueron estimados a partir de la
presión mínima registrada empleando la fórmula de Kraft (1961) o de Neumann
(Comunicación personal). Además, en todos los casos en que existía la información
adecuada, se consideraron los daños ocasionados por los ciclones tropicales en el proceso
de clasificación del sistema, lo cual resulta indispensable en este tipo de trabajo. En
consecuencia, la clasificación que aquí se presenta se refiere a la afectación ocurrida
sobre las provincias mencionadas y no a la que sobre Cuba u otra región haya producido un
determinado ciclón tropical.
Para la confección de este
estudio se utilizaron como fuentes informativas fundamentales las cronologías de los
huracanes de Cuba de Rodríguez Ramírez (1976; 1985) y la de
Ortiz (Inédita), elaborada
en el año 1994. Se consultó también la cronología de los huracanes que azotaron a Cuba
desde el descubrimiento hasta 1870 del ingeniero Manuel Fernández de Castro
(1871), basada
fundamentalmente en la famosa obra de Poey (1862), así como la cronología de
Millás
(1923) y la de Gutiérrez Lanza (1934). Se tuvieron en cuenta también las obras de
Garriott (1900) y de Tannehill (1956). Además, se revisaron los Mapas de Trayectorias del
Instituto de Meteorología de Cuba (Ortiz, Inédito) y la publicación de
Neumann (1993).
Para la clasificación de los
huracanes se utilizó la escala de Rodríguez Ramírez (ver Tabla
1), empleada durante
muchos años por el Instituto de Meteorología de Cuba, y la Saffir-Simpson adoptada
recientemente por dicho instituto (ver Tabla 2); pero teniendo en cuenta que las
construcciones en Cuba son de diferente arquitectura que las de los Estados Unidos.
Tabla 1.
Escala de Rodríguez
Ramírez (1976) para la clasificación de los Huracanes. Escala de Rodríguez
Ramírez (1976) para la clasificación de los Huracanes.
CATEGORIA |
VIENTO
MAXIMO SOSTENIDO |
POCA
INTENSIDAD |
118
150 Km./h. |
MODERADA
INTENSIDAD |
151
200 Km/h. |
GRAN
INTENSIDAD |
>
200 Km/h. |
Tabla
2. Escala de
Saffir-Simpson para la clasificación de los Huracanes (Simpson, 1974).
CATEGORIA |
PRESION
CENTRAL
(hPa) |
VIENTO
MAXIMO SOSTENIDO (Km/h.) |
SURGENCIA
DE LA TORMENTA (m) |
1 |
980 |
118
153 |
1.0-1.7 |
2 |
965 -
979 |
154
177 |
1.8-2.6 |
3 |
945 -
964 |
178
209 |
2.7-3.8 |
4 |
920 -
944 |
210
250 |
3.9-5.6 |
5 |
<
920 |
>
250 |
>5.6 |
Es de señalar la existencia de
un cierto grado de subjetividad inherente a este tipo de clasificación, particularmente
en aquellos huracanes de los cuales existen pocas mediciones o descripciones, ocurridos
fundamentalmente durante el pasado siglo y los primeros años del presente. De tal forma,
algunos huracanes cercanos a la frontera entre dos categorías de la escala, pudieran ser
clasificados de una forma u otra en dependencia de diferentes consideraciones, como ha
ocurrido en otros estudios similares (Jarrell et al,
1992). Afortunadamente esto suele
ocurrir con las tormentas menos intensas y puede ser evitado parcialmente a través del
análisis de varios expertos.