A continuación se presenta una
breve descripción de cada una de dichas tormentas:
1. "La Tormenta de
la Escarcha Salitrosa". Octubre 24-26 de 1810. (Categoría 3).
Se le nombró así en
"Vuelta-abajo". Comenzó el 24 de octubre. Según Herrera (1847) "la lluvia
fue muy abundante y el huracán tremendo... Las olas destrozaron la calzada de San
Lázaro, dejándola intransitable y penetraron en la cueva de Taganana..... El mar rebosó
en términos que entró en el hospital de San Lázaro, cubrió todo el camino que va a la
Chorrera". En la mañana del día 26 se observó "recalar a la boca del puerto
una gruesa mar del norte que salvaba las fortalezas que lo guarnecen con más de ocho
varas sobre las astas de banderas". "Llovió por espacio de diez o doce días
después de la tormenta". Muchas casas fueron destruidas o dañadas. Según
Herrera
(1847) se perdieron más de 70 buques en la Bahía.
2. "Sin
nombre". Octubre 26 de 1837. (Categoría 3).
Se hizo sentir en Trinidad con
mayor intensidad. Melero (1873) señaló que la presión bajó a 948 hPa. El viento
máximo fue estimado en 205 Km/h a partir de la presión mínima medida.
3. "La Tormenta de
San Francisco de Asís". Octubre 4-5 de 1844. (Categoría 4).
Este huracán se comportó
"fuerte y terrible después de una larga seca" (Herrera,
1847). Según el mismo
autor la presión bajó a 957 hPa en la Ciudad de La Habana; pero el centro no cruzó
sobre ella, por lo que la mínima del huracán debió ser mucho menor (ver Figura
1). El
viento comenzó a soplar del sudeste al final de la tarde del día 4, y pasó después al
nordeste y norte, con fuerza de huracán hasta las 9 AM del día 5 (Garriot,
1900).Los
vientos máximos se sintieron en la Ciudad de La Habana al romper el día. Los árboles
fueron totalmente derribados. Todos los buques de la armada que se encontraban en la
Bahía fueron dañados. Desde La Habana hasta Cárdenas todas las villas quedaron casi
totalmente demolidas y las plantaciones destruidas. En Batabanó el viento sopló
duramente por varios días; una embarcación fue arrastrada media milla tierra adentro.
Alquízar resultó fuertemente azotada; sólo las palmas quedaron en pie. Tapaste,
Aguacate, Madruga y Los Palos fueron severamente afectadas. En La Habana 2546 casas fueron
derribadas, 158 buques perdidos, más de 101 muertos y 18 heridos (Millás,
1923).
4. "La Tormenta de
San Francisco de Borja". Octubre 10 y 11 de 1846. (Categoría 5).
Este huracán ha sido ampliamente
descrito por Ortiz (1984). Al parecer, se originó al sur de Jamaica en los primeros días
del mes de octubre. Según Ortiz (1984), se movió en un rumbo próximo al nortenoroeste y
en la noche del 10 se ubicaba a unos 135 kilómetros al sursudeste de Punta Gorda, extremo
occidental de la Península de Zapata. Con ese mismo rumbo penetró en Cuba por el este y
cerca de Batabanó, donde se experimentó la calma vorticial a las 8 de la mañana del
día 11. En esa mañana La Habana sufrió los vientos más intensos de "el más
terrible huracán" que hubiera conocido. El centro cruzó al este y muy cerca de la
Ciudad, para salir al mar y cruzar posteriormente al oeste de Cayo Hueso (ver Figura
1).
Según Herrera
(1847), el
barómetro bajó a la "extraordinaria" cifra de 916 hPa a las 10.30 de la
mañana, aproximadamente. Algunos autores han puesto en dudas este valor (Observatorio del
Colegio de Belén, 1924), a partir de observaciones realizadas en la Ciudad de La Habana;
sin embargo, los daños ocurridos son propios de tormentas de la mayor intensidad,
categoría 5 de Saffir- Simpson, con presiones mínimas inferiores a los 920 hPa. Es de
destacar que como el centro de este extraordinario huracán cruzó al este de la Ciudad,
las mediciones realizadas en ella no corresponden a la presión mínima que el mismo
poseía.
No se poseen mediciones de la
velocidad alcanzada por el viento. A partir de la presión mínima se estimó el valor
aproximado de 255 kilómetros por hora. Los vientos más intensos se extendían unos 40
kilómetros a ambos lados de la trayectoria (Herrera,
1847). Los vientos huracanados se
extendían hasta una distancia de 200 kilómetros al oeste del centro y 270 kilómetros
hacia el este (Anónimo b, 1846).
No se poseen registros de las
lluvias ocurridas. Los relatos no hacen referencia a la ocurrencia de grandes
inundaciones.
Al salir el centro del huracán
hacia el Estrecho de La Florida, alrededor de las once de la mañana, los vientos pasaron
al noroeste y oestenoroeste desde el meridiano de La Habana hacia el oeste. De tal forma,
los fuertes vientos lanzaron sobre el litoral y la boca del puerto extraordinarias
marejadas que provocaron severas inundaciones costeras en la Ciudad (Oficina del Faro
Industrial, 1846). No se tiene conocimiento de la sobreelevación que el huracán debió
producir en el litoral sur de La Habana, desde las inmediaciones de Playa Rosario hacia el
este, y en la Ciénaga de Zapata.
Los daños fueron
extraordinarios. Fueron derribadas 1872 casas, aproximadamente el 24% de las existentes en
intramuros (Ortiz, 1984), y unas 5051 dañadas
(Millás, 1923); prácticamente todas las
restantes. Sólidas construcciones vinieron a tierra, casas de mampostería quedaron
prácticamente aplastadas; gruesas paredes no pudieron resistir las presiones que el
viento y la lluvia ejercían. "Se desplomó el teatro principal, el paredón de Santa
Clara y el de Santa Teresa. Volaron no pocos techos; fueron desprendidos y arrancados
puertas, ventanas y balcones; desaparecieron cornisas; se resintieron los templos, y uno
(el del Santo Angel) está enteramente por tierra, habiéndose desplomado su hermosa
torre, destruida en su caída" (Anónimo, 1846).
"En los barrios extramuros
la desolación ha sido si cabe mayor. La Calzada de San Lázaro, naturalmente ha sufrido
lo que no es dable ponderar; allí a la furia de los vientos, vinieron a unirse los
horrores de la inundación; allí salían aterrados con el agua a la cintura y pidiendo a
gritos misericordia, hombres, mujeres y niños; allí se veía casi arrastrado por una
furiosa corriente el infeliz que abandonaba su casa, que iba a caerle encima".
"Los barrios de Guadalupe, Chávez, Horcón y Jesús María también han sido
atrozmente castigados y en todos ha habido víctimas a consecuencia de los desplomes
totales o parciales de casas" (Oficina del Faro Industrial,
1846). "En Regla,
también los daños ocasionados fueron horrorosos" (The Times,
1846). Otras
poblaciones del este de la Ciudad, como Guanabacoa y Cojímar, más cercanas al centro de
la tormenta, sufrieron grandes daños. En el puerto naufragaron numerosos buques, batiendo
las olas con tanta fuerza que derribaron la mayoría de los muelles. El "Diario de La
Marina" (Citado por Millás, 1923) afirmó que se perdieron o sufrieron daños de
consideración en La Habana, Matanzas, Mariel, Batabanó, Cabañas y Cárdenas, un total
de 235 buques.
Varios autores (Millás,
1923; Ortiz, 1984) señalan que hubo 114 muertos y 76 heridos, cuando la Ciudad tenía una
población de 170 000 habitantes. Quizás el número de víctimas fue aún mayor, en un
territorio sorprendido por la tormenta más intensa que hasta el presente lo haya azotado.
5. "El Huracán de
San Marcos". Octubre 7-8 de 1870. (Categoría 3).
Se hizo sentir intensamente en
Matanzas, donde ocasionó un terrible desastre. Penetró en la tarde del día 7 por la
Ciénaga de Zapata y salió al mar en la mañana del 8 por Matanzas (Fernández de Castro,
1872). La presión mínima registrada en la Ciudad de La Habana fue de 992 hPa; pero en
Pipian y Nueva Paz, muy cercanos al centro de la tormenta, se midió 959 hPa. Los vientos
fueron intensos, estimados a partir de la presión mínima registrada en 190 km./h.
Descripciones hechas en Nueva Paz expresaban: "...hemos visto palmas reales
tronchadas a dos varas de su raíz y lanzadas a 5 y 6 metros de distancia, añejos y
fuertes aguacates, mamoncillos y tamarindos segados cual si fueran débiles
cañas..." (Diario de la Marina, 1870; citado por Fernández de Castro,
1872)
añadiendo que "... siendo tal la fuerza del viento que arrastró y volcó los
vagones que se habían asegurado a un tronco de árbol con fuertes sogas...",
"... la caña no sólo fue arrancada de raíz sino que el viento arremolinado
retorció el cogollo...". Las lluvias fueron copiosas y se produjeron inundaciones en
ríos y arroyos.
La mitad oriental de la provincia
de La Habana sufrió grandes daños. En Guines destruyó la Iglesia Parroquial. Allí
muchas edificaciones fueron dañadas y "... muy numerosas las casitas que vinieron al
suelo..."; "...En el campo la escena era más terrible todavía... siendo
incalculable el capital que se ha perdido en fábricas derrumbadas, granos... otras
producciones arrastradas por la corriente y animales... muertos en virtud de la fuerte
acción de la misma masa de agua que en todas partes se desbordaba con ímpetu
asolador..." (Fernández de Castro, 1872) En Nueva Paz los daños fueron grandes:
"...Difícil empresa sería enumerar en detalle los siniestros causados por el
terrible huracán que con furia intensa nos azotó 18 horas consecutivas..." (Testigo
presencial, citado por Fernández de Castro, 1872). Fueron derribadas no menos de 115
casas, la Iglesia y el ayuntamiento; calles enteras desaparecieron. Los ingenios se
resintieron y los campos de cañas fueron destruidos. "...El cólera ha dado
principio... han ocurrido siete casos y todos fulminantes..." (Fernández de Castro,
1872). En Pipian se cayeron muchas casas; los sembrados, árboles y aves domésticas
desaparecieron. En Playa Rosario la destrucción fue casi total.
En La Habana ocurrieron pocas
muertes.
6. "Sin
nombre". Octubre 19 de 1876. (Categoría 3).
Este intenso huracán fue
estudiado ampliamente por Viñes (1877). Se formó al oeste de Jamaica. Penetró en Cuba
por la Ciénaga de Zapata; su centro cruzó por cerca de Guines y salió al mar por el
este y muy cerca de la Ciudad de La Habana, donde se sintió la calma vorticial por más
de tres horas. La presión mínima medida fue de 959 hPa, en Bejucal. El viento máximo
estimado asciende a 190 km./h. "La devastación de La Habana y Matanzas fue
espantosa, así en los puertos como en las poblaciones y los campos de bosques enteros de
palmas fueron derribados" (Gutiérrez Lanza, 1934).
7. "Sin
nombre". Septiembre 5 de 1888. (Categoría 3).
Penetró en Cuba entre Caibarién
y Sagua la Grande. Moviéndose al oestesuroeste cruzó por La Habana, entre Batabanó y la
Ciudad de La Habana donde se sintió la calma del vórtice. Hubo pérdidas de vidas y
grandes estragos (Gutiérrez Lanza, 1934)
8. "Sin
nombre". Octubre 17 de 1906. (Categoría 3).
Al parecer se formó en una zona
próxima al Arco de las Antillas. Con un movimiento hacia el nortenordeste penetró por la
costa sur de La Habana, cruzó sobre Melena del Sur y salió al mar por el este y muy
cerca de la Ciudad de La Habana. El Observatorio del Colegio de Belén midió una presión
mínima de 977 hPa, sin que se sintiera la calma vorticial, lo que indica que la presión
en el centro era más baja. El viento huracanado más intenso en la Ciudad sopló del
norte, con "... las ráfagas casi sin interrupción..." (Observatorio del
Colegio de Belén, 1907). Según se describió "... caían arrancados de raíz
troncos seculares, sucumbían en la titánica lucha corpulentos árboles... Daba aspecto
más siniestro al espectáculo la frecuencia de los relámpagos..." (Observatorio del
Colegio de Belén, 1907).
Los vientos por el semicírculo
izquierdo fueron más intensos que por el derecho. Desde Guines se realizó la siguiente
descripción: "... El viento después de la calma fue mucho más fuerte que antes
(del oeste al suroeste), pues acabó de derribar los árboles que había dejado en pie el
viento anterior a la calma. ... un ruido terrible, las campanas repicaban solas, las
planchas del ferrocarril y los carros de carga se subieron unos encima de los otros y
llegaron a correr desde Río Seco a Melena del Sur solos... El viento era a veces después
de la calma con ráfagas que duraban mucho; ... pero de una y media a tres de la madrugada
no eran ráfagas, sino una sola terrible, que derribaba todo; no se podía estar en la
calle, pues el viento derribaba a las personas" (Torrens, citado en Observatorio del
Colegio de Belén, 1907).
Causó numerosas víctimas y
grandes estragos en los campos, ciudades y embarcaciones (Gutiérrez
Lanza, 1934).
9. "El Huracán de
los Cinco Días". Octubre 14-17 de 1910. (Categoría 3).
Intenso y desastroso huracán que
tuvo como característica singular el haber descrito un lazo en los mares al noroeste y
cerca de Pinar del Río. El vapor "Crown Prince" registró una presión mínima
de 946 hPa en la noche del día 16, poco antes de zozobrar en la Bahía de Corrientes, al
sur del centro de la tormenta, donde la presión debió ser menor. El huracán no cruzó
directamente sobre el territorio de las provincias habaneras; pero sus efectos se
sintieron entre el día 13 y el 18. En el Observatorio Nacional se midió una racha
máxima de 209 Km/h, a pesar de la distancia a que se encontraba el centro del huracán.
Vientos más fuertes debieron sentirse en la porción más occidental de La Habana. Las
lluvias fueron prolongadas e intensas en ocasiones. En Casablanca se acumularon 428 mm,
entre el día 13 y el 17. La fuerza que fue desarrollada por este huracán "...
excede a toda ponderación y los estragos fueron enormes en mar y tierra, muchas vidas se
perdieron, sin poder precisar números... " (Gutiérrez
Lanza, 1934). Según
Carbonell (1910) "... Los daños causados en toda la provincia occidental, como en
mucha parte de La Habana, han sido grandes; muy sensibles desgracias personales, tanto en
el mar por los naufragios ocurridos, como en tierra por efecto de las inundaciones y por
el desbordamiento de los ríos; incontables derrumbamientos de casas de vivienda...
destrucción de puentes, arrastre de siembras y crías de ganado y aves; y otros productos
de la industria en la zona de Batabanó, donde sufrieron mucho las embarcaciones de pesca,
los trenes de carbón y leña, los muelles y casas del poblado, por la gruesa mar que
arbolaba el viento, marejada que más tarde se dejó sentir hacia la costa norte, cuando
roló el viento hacia el oeste, inundando por completo durante algunas horas en esta
capital el barrio de San Lázaro y el Prado, por la enorme cantidad de agua que arrojaban
las olas sobre los muros del malecón, no siendo menos el desbordamiento en el litoral del
Vedado, donde ocurrieron no pocas pérdidas materiales... ".
10. "El Huracán de
1926". Octubre 20 de 1926. (Categoría 4).
El huracán del 20 de octubre
de 1926 ha sido una de las tormentas más intensas y destructivas que han azotado a las
provincias de Ciudad de La Habana y La Habana y la que ha ocasionado quizás el peor de
sus desastres. Se formó en la porción sur del Mar Caribe occidental el día 16 (ver
Figura 1), moviéndose con rumbo próximo al nortenoroeste (Ortiz,
1977). El día 17
alcanzó la categoría de huracán, en un proceso de franca intensificación en la medida
que se aproximaba a la Isla de la Juventud. Sobre dicha Isla inició la recurva que lo
llevó a la provincia de La Habana el día 20, donde penetró en tierra cerca de la Playa
del Cajío, pasó por las inmediaciones de Quivicán, más tarde por Loma de Tierra,
después próximo a Minas y Guanabo (Ortiz, 1977).
La presión mínima registrada en
la estación meteorológica de Casablanca con un microbarógrafo altamente sensible y
confiable, fue de 951 hPa (Millás, 1926); pero este registro correspondía con la pared
del ojo, a unos 13 Km de distancia del centro. En Nueva Gerona, Guira de Melena y Cojímar
fueron medidas presiones mínimas aún más bajas (939 hPa) con barómetros aneroides
(Millás, 1926), pero también a alguna distancia del centro de la tormenta. Una
estimación realizada a partir de toda la información disponible alcanzó aproximadamente
el valor de 934 hPa.
El viento máximo de la tormenta
se desconoce. Los anemómetros de Casablanca dejaron de funcionar al registrar 160 Km/h.
Millás (1926) estimó el viento máximo entre 230 y 250 Km/h, con rachas superiores. A
partir de la presión mínima estimada se calculó un viento máximo de 230 Km/h. El mejor
ejemplo de su violencia lo es la palma real, en el Surgidero de Batabanó, atravesada por
una viga de pino de 3 m de longitud, con un grueso de 0.10 metros por 0.05 metros, a una
altura del suelo de 7.5 metros (Ortiz, 1977) (ver Figura 2).
Figura 2. Palma real, en el
Surgidero de Batabanó, atravesada por una alfarda de pino tea, durante el huracán de
1926 (Tomada de Millás, 1926).
Las lluvias fueron extensas y
torrenciales (Ortiz, 1977). Comenzaron a afectar a La Habana desde el día anterior al
paso del huracán. Se midió una intensidad máxima de 3.3 mm/min. , en las proximidades
del vórtice. El total acumulado fue de 510 mm. La lluvia era salada.
No existen datos confiables
acerca de la marea de tormenta ocurrida. El profesor Roberto Ortiz recogió el testimonio
de testigos oculares de que en Batabanó el nivel de las aguas subió 3 metros. Fuertes
marejadas ocurrieron en la Ciudad de La Habana, las que produjeron severas inundaciones
costeras (ver Figura 3).
Figura 3. Inundación del Parque Maceo
durante el huracán de 1926 (Tomado de la revista Carteles, Vol. 9, Nro. 44. 1926).
 |
Este huracán ocasionó una inmensa
destrucción (ver Figura 4). La Habana quedó totalmente incomunicada, sin luz, ni agua,
ni teléfonos, con los caminos interrumpidos. En la Bahía muchos barcos quedaron al
garete y luego fueron lanzados sobre la costa. Efectos similares se observaron en otras
zonas afectadas por el huracán. Las muertes se estimaron en 600 y hubo infinidad de
heridos (Ortiz, 1977). Algunos cálculos hicieron ascender las pérdidas a unos 100
millones de pesos. |
Figura 4. Destrucción
producida por el huracán de 1926 en la esquina de Malecón y Campanario (Tomado de la
revista Carteles, Vol. 9. Nro. 44. 1926).
11. "El Huracán de
1944". Octubre 18 de 1944. (Categoría 4).
Este es uno de los dos huracanes
más intensos que han azotado a las provincias de Ciudad de La Habana y La Habana en el
presente siglo. Según Ortiz (1977) tuvo su procedencia en el Mar Caribe oriental. Al
parecer su formación ocurrió el día 12. El centro de este intenso huracán cruzó sobre
La Siguanea, Isla de la Juventud; penetró posteriormente por la costa Sur de Pinar del
Río, al este y cerca de la Punta de Comegatos y salió al mar por la costa Norte, sobre
el Central Augusto César Sandino en Cabañas (Ortiz, 1977) (ver Figura
1). La presión
mínima medida sobre nuestro territorio fue de 937 hPa (Central Augusto C. Sandino). En la
estación meteorológica de Casablanca se midió una racha máxima de 262 Km/h. (ver
Figura 5) lo que permite estimar un viento máximo sostenido de 210 Km/h. (media de un
minuto). Sin embargo, debido a la distancia existente entre esta estación meteorológica
y el centro del huracán, es posible suponer que intensidades del viento aún mayores
ocurrieron hacia el oeste. A partir de la presión mínima se estimó el valor aproximado
de 225 Km/h. para el viento máximo sostenido. Este huracán se caracterizaba por su gran
extensión. Los vientos superiores a los 90 Km/h. persistieron unas 18 horas; mientras que
las rachas superiores a los 224 Km/h. persistieron durante una hora y quince minutos
(Ortiz, 1977).