Casi todos los huracanes intensos
ocurrieron en octubre (el 92%). Nueve de ellos (75%) azotaron este territorio en los
primeros 20 días de dicho mes. Todos estos se formaron en el Mar Caribe (no se ha podido
identificar la zona de origen de los huracanes de 1810 y 1837) y se movieron con una
pronunciada componente hacia el norte. De forma general afectaron a las provincias
habaneras poco antes o poco después de haber efectuado la recurva. Sólo el huracán de
1888 se produjo en el mes de septiembre. Se formó en el océano Atlántico y penetró por
la costa norte entre Caibarién y Sagua La Grande, con un movimiento próximo al
oestesuroeste.
En ningún año se produjo la
afectación de más de un huracán intenso. No se pudo ajustar una distribución
estadística para el cálculo de los períodos de retorno, ya que dada las
características de la muestra, no se cuenta con los grados de libertad suficientes para
realizar el ajuste. Por tal razón, sólo pudo calcularse el período de retorno
observado, de 16,7 años.
El período de 120 años
transcurrido entre 1831 y 1950 fue también muy activo en cuanto a los huracanes intensos,
al ocurrir 11 de los 12 registrados en los 200 años estudiados. Sin embargo, es posible
detectar un período de mayor actividad entre 1837 y 1910 (74 años) en el que ocho de
estas importantes tormentas afectaron al territorio, para un promedio de un huracán cada
9.25 años. Desde el año 1948, ningún huracán intenso ha afectado a las provincias
habaneras.
El comportamiento estacional de
los huracanes intensos en Cuba guarda una buena relación con el descrito por Landsea
(1993) para sus similares del Océano Atlántico. Las variaciones interestacionales antes
descritas no parecen estar relacionadas, al menos directamente, con las descritas por
Landsea (1993) para el océano Atlántico y los Estados Unidos; sino más bien con la
reducción de la formación de los ciclones tropicales observada en el Mar Caribe
(Ballester y González, 1997).
La importancia de conocer el
comportamiento climático de los huracanes intensos esta basada, fundamentalmente,
en el impacto que los mismos han causado sobre esta zona del país. Los centenares de
víctimas y los grandes daños materiales ocasionados son una muestra de su capacidad
destructiva y de la necesidad de estar debidamente preparados ante tal evento
atmosférico.
Dado que las generaciones
actuales no han conocido el impacto directo de un huracán de esta intensidad, es
necesario realizar una labor educativa en este sentido, ya que un mayor conocimiento del
peligro real que ellos representan debe redundar en que cada individuo actúe de la forma
mas adecuada.